El oráculo
Ganadero y cordero observan la balanza que dictará el destino del segundo, como si se tratara de la aprobación de un emperador de la Antigua Roma. El resto del rebaño se alimenta tranquilamente, ajeno a la guillotina que pende sobre sus cabezas. Solo el cordero parece comprender el significado de lo que está ocurriendo, más incluso que quien fuera su criador. La confusión de este contrasta con la aterrada aceptación del animal.
