Huellas de un 7 de julio

Miles de pétalos rojos y blancos cubren el adoquinado del Casco Viejo de Pamplona tras el paso de San Fermín en la procesión del 7 de julio. Lo que instantes antes era emoción, devoción y tradición, queda reflejado en esta estampa efímera que transforma la piedra en un lienzo de memoria. Una imagen que recoge la huella de uno de los momentos más representativos y emocionantes de las fiestas, donde la ciudad parece detenerse para conservar, aunque solo sea por un instante, el recuerdo de su patrón.